Entre la CIA y el KGB
Ex-nazis en la guerra fría.
«No somos boy-scouts. Si hubiéramos querido serlo, nos
habríamos apuntado», solía decir Richard Helms, el
director de la CIA preguntado por el empleo de antiguos nazis y criminales
de guerra por parte de la Agencia y de su predecesora, el CIC. Al principio,
las agencias americanas en la Alemania ocupada hicieron grandes esfuerzos
para apresar y juzgar a funcionarios nacionalsocialistas. Ya por entonces
algunos de ellos fueron utilizados para conseguir mejores resultados. Estos
contactos alcanzaron gran importancia cuando las relaciones entre los vencedores
de la Segunda Guerra Mundial empeoraron. Los americanos observaban indefensos
como los rusos instalaban uno tras otro gobiernos fantoche y como iba creciendo
la influencia de los partidos comunistas en el oeste. Mientras los rusos
y los americanos todavía creían que llegaba una epoca de
paz y amistad entre los pueblos, comenzó a estallar una guerra fría
secreta bajo la superficie.
Y, ¿quien conocía mejor a los comunistas sino sus enemigos
más enconados, los nazis? Cuando la guerra fría empezó,
los americanos no sabían casi nada sobre su nuevo adversario. Las
primeras informaciones de relieve las proporcionó el general Reinhard
Gehlen, quien durante el Tecer Reich fue jefe del espionaje contra los
rusos (Fremde Heere Ost). Gehlen se había rendido a los americanos
en mayo 1945 ofreciéndoles su colaboración más todo
su equipo y archivos. Durante los primeros años tras el final de
la guerra, la mayoría de los datos americanos sobre los países
del este de Europa procedieron de las fuentes de Gehlen. No tardó
mucho Gehlen en recibir un sueldo fijo al ocuparse de la creación
de su propio servicio secreto, la ORG (Organisation Gehlen), recultando
muchos veteranos experimentados de la SS, SD y Gestapo. Algunos de ellos
eran buscados como criminales de guerra , por lo que se les proporcionó
identidades y documentos nuevos. Mientras los americanos siguieran bien
provistos con aquel material, no deseaban saber demasiados detalles, cuando,
además, las preguntas hubieran podido ser demasiado comprometidas.
Gracias a sus antiguos colaboradores y al dinero americano Gehlen consiguió
tanta influencia que, finalmente, el posterior gobierno alemán no
tuvo otro remedio que aceptar la ORG como servicio secreto oficial.
Pero aún más problemático que la ORG fue la presencia
de los colaboradores e informantes libres contratados por los servicios
americanos y a quienes protegían de la ley. El caso más conocido
fue el de jefe de la Gestapo de Lyon, Klaus Barbie. Escapando de sus perseguidores
franceses, Barbie se había esfumado en Alemania, donde también
era buscado por el CIC. Sintiéndose cada vez más acorralado
ofreció sus servicios a un departamento del CIC, que lo ocultó
de sus perseguidores. Gracias a sus buenos contactos, pronto dirigió
algunas redes de espionaje en Francia, Rumanía y Alemania. Solo
cuando los rumores de sus actividades se extendieron y cuando Francia exigió
su extradición, el CIC le privó de su protección.
Los americanos, que no tenían ningún interés en que
salieran a la luz detalles de esta colaboración, enviaron a Barbie
a la Argentina bajo el nombre de Klaus Altmann. No era un caso único.
Los servicios secretos occidentales contrataron miles de criminales de
guerra buscados por la justicia. Los propios americanos habían creado
una vía secreta de evacuación para los casos más problemáticos,
la llamada «ruta de las ratas». Con papeles falsificados y
muchas veces en uniformes americanos, los fugitivos fueron transportados
a través de la frontera italiana, donde con la discreta ayuda del
Vaticano fueron conducidos por Génova hasta Nápoles, y desde
allí en barco al seguro refugio de América Latina.
Con el inicio de la guerra en Corea, en junio de 1950, la lucha de
los servicios secretos llegó a nueva cotas. El gobierno americano
empezó a buscar tropas auxiliares entre sus antiguos enemigos. «Estaba
claro que debíamos utilizar a todo hijo de puta que fuera simplemente
un anticomunista», comentaba un oficial de la CIA sobre la nueva
situación. Buscaban sobre todo fugitivos de los países de
la Europa oriental para ser utilizados como guerilleros después
un probable bombardeo atómico. Los mejores anticomunistas los constituían
los ex-miembros de la SS y otros colaboradores nazis de Lituania, Estonia,
Croacia y Ucrania, muchos de los cuales eran buscados por el asesinato
de judíos, entre otros crímenes. Unos 12.000 fueron llevados
a los Estados Unidos, recibiendo la ciudadanía tras cinco años
de servicio militar. Algunos fueron entrenados como guerrilleros en Fort
Bragg, formando posteriormente las primeras unidades de Boinas Verdes (Green
Berets).
También en Alemania se inició un gran proceso de reclutamiento
con vistas a la Tercera Guerra Mundial. Una unidad especial para la guerra
secreta fue el «servicio técnico» de una organización
llamada BDJ (Bund Deutscher Jugend) cuyos miembros eran muy a menudo veteranos
de las Waffen-SS o de la Wehrmacht. Financiada y equipada por el CIC, sus
miembros se entrenaban en bosques con ametralladoras, granadas de mano
y explosivos. A pesar de que el «servicio técnico» realizó
también acciones clandestinas en el sector soviético, su
objetivo principal era la liquidación de políticos «rojos»
en las partes occidentales de Alemania. Bajo el mando del CIC, algunos
agentes se infiltraron en el SPD (Partido Socialdemócrata) -la segunda
fuerza política en el Parlamento-, y planearon el asesinato de más
que 40 funcionarios importantes. Cuando estos planes salieron a la luz,
desencadenando un enorme escándalo, el CIC ocultó a los principales
responsables de la operación, mientras se apropiaba de todos los
documentos del BDJ, impidiendo que la justicia alemana tuviera acceso a
los mismos.
Se puede discutir si los miembros de la ORG o del BDJ eran mercenarios
americanos o solamente fanáticos anticomunistas que continuaban
con su antigua lucha. No obstante, tras el hundimiento de Alemania, muchos
antiguos nazis estaban políticamente desterrados. Querían
tan poco a las democracias occidentales como a los rusos. Además,
el Nacionalsocialismo –sobre todo en sus rangos altos – había atraído
a muchos buscafortunas y medrosos, para quienes la ideología no
era tan importante como el éxito personal. Vendían sus talentos
al mejor postor por protección, dinero y renovado poder, sin importarles
a quien. Pudo ser que Gehlen y algunos de sus colaboradores tuvieran motivos
patrióticos cuando se ofrecieron a los americanos. Pero Gehlen creó
en la ORG unas estructuras y relaciones bajo bajo las que el tipo aventurero
florecía sin escrúpulos. Esta mentalidad era particularmente
evidente entre los agentes que cambiaron de bando por simples y meros intereses
materiales.
Hans Clemens era un antiguo Hauptsturmführer en el temido SD (servicio
secreto nazi) que había pasado casi toda la guerra en Berlín,
lejos del frente. Solamente al final de la guerra fue destacado a Italia
donde cayó prisionero de guerra y tuvo que justificarse por el fusilamiento
de rehenes. Se topó con jueces piadosos y ya en 1949 estaba en libertad.
En Alemania, lo albergó un antiguo subordinado suyo, Erwin Tiebel,
quien se había convertido en un exitoso hombre de negocios. Poco
después, su mujer, que vivía en Dresde, en la Alemania del
Este, le facilitó un contacto con el KGB. Clemens siempre había
apreciado las comodidades que nunca le faltaron como oficial de alto rango
de la SS en Berlin y de las que ahora carecía. Los rusos se apercibieron
de ello y, durante los primeros encuentros, fueron extremadamente generosos
en dinero, champagne de Crimea y caviar. También celebraron sus
mejores operaciones con langosta «Thermidor» en restaurantes
de lujo. Por su parte, Clemens debía infiltrarse en un servicio
secreto occidental y reclutar nuevos agentes. Para realizar esta tarea
Clemens acudió al ex-Obersturmführer Heinz Felfe, un antiguo
camarada del SD.
Felfe había sido encarcelado por los ingleses, pero le dejaron
libre cuando éste ofreció su colaboración. Al cabo
de poco tiempo, consiguió un empleo en una agencia alemana dedicándose
a interrogar a desertores de la policía de Alemania oriental. Al
sentir que estas tareas estaban por debajo de sus habilidades, se inscribió
en la Universidad de Bonn y se infiltró en grupos de estudiantes
de izquierdas. Los resultados de estas pesquisas las vendió al servicio
secreto británico. Al contrario de Clemens, Felfe no estaba interesado
directamente en el dinero, sino que se movía motivado por una gran
ambición. Años más tarde admitiría que quiso
convertirse en el número uno del espionaje; daba igual en qué
bando. En su opinión, los alemanes eran totalmente incapaces y también
se quejaba de los ingleses por pasarle «trabajitos» poco importantes.
Por eso, cuando Clemens le propusó trabajar también para
los rusos Felfe ardió de entusiasmo. Ser agente doble en la cúpula
de mando era algo apropiado para un hombre con su experiencia y talentos.
Solamente tenían que conseguir entrar en un sercicio secreto
occidental. Primero lo intentaron con la recién formada Bundesverfassungsschutz
de la Bundesrepublik. Pero el ministro del interior lo tomó como
uno más de los antiguos nazis incorregibles y rechazó su
solicitud. Por suerte, tenían otros contactos. Clemens estaba todavía
en tratos con un tal Willi Krichbaum, un ex-camarada de la SS, que ahora
tenía un alto puesto en la ORG. Después de algunas juergas,
en las que evocaban con mucho alcohol los tiempos gloriosos, su entrada
en la ORG se fue aclarando. Cuando Clemens presentó entonces a Felfe,
Krichbaum quedó tan impresionado de las capacidades de éste
que inmediatamente le reclutó para el departamento de contraespionaje.
Al inicio, Felfe estuvo al mando de todos los agentes en la DDR (Alemania
oriental). Gracias al material falsificado que le proveían los rusos
hizo una rápida carrera, llegando pronto a la dirección de
todo el contraespionaje soviético.
En esta posición, Felfe se situaba como jefe de todos los agentes
de la Bundesrepublik en los países del este, convirtiéndose
en el gran maestro de espías de Gehlen. Pero mientras Gehlen disfrutaba
del material falsificado por los rusos, Felfe proporcionaba al KGB un incesante
caudal de informaciones, siendo el mensajero habitual en el este el antiguo
camarada Tiebel. Más de diez años trabajarán con éxito
los «tres mosqueteros» -como posteriormente se les llamó
en la prensa– hasta que en 1961 fueron desenmascarados por un desertor
de la DDR. Poco antes, Clemens y Felfe habían recibido de Gehlen
una medalla con motivo del aniversario de sus diez años de servicio,
mientras, en paralelo, también recibían una carta del KGB
con un premio en dinero y con agradecimientos por los servicios prestados.
Sin embargo, los comunistas no se conformaban solamente con los servicios
de unos renegados comprados. Bastantes ex-oficiales de la SS y de la Gestapo
servían en la policía y en el servicio secreto de Alemania
del este. Como mínimo dos de ellos llegarían al Comité
Central. El especialista de Hitler para asuntos económicos en los
Balcanes, un tal Karl Clodius, también buscado por crímenes
de guerra, y después de una breve estancia en Moscú, mandaba
de nuevo el comercio exterior de Yugoslavia desde un comfortable edificio
en Belgrado. Franz Neuhausen, conocido como «Franz el gordo»
y antiguo representante de Göring en los Balcanes, había sido
excepcionalmente extradito a Yugoslavia por los americanos como criminal
de guerra. Neuhausen, quien había dirigido las minas de cobre durante
la guerra, con bastante éxito gracias a la mano de obra forzada,
pronto fue visto en los restaurantes de lujo en Belgrado. Neuhausen nunca
fue un nazi fanático: para él, el Tercer Reich fue simplemente
una estupenda ocasión para forrarse. Llegó a pasar, durante
la guerra, una temporada en un campo de concentración porque había
robado para sí, del Tesoro Público yugoslavo, algunos cientos
de kilos de oro. Su protector Göring, que tenía vicios parecidos,
conseguiría su liberación. En su proceso, Clemens se mostró
como el vivo ejemplo de la mentalidad de estos aventureros. Preguntado
sobre qué había hecho con todo ese dinero conseguido con
su traición, contestó presumido: «Viví bien
y ví mundo».
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