Inmigrantes al frente
Mercenarios a sueldo de la ciudadanía.
Mientras los medios concentran sus reportajes sobre los mercenarios
de las empresas de seguridad en Iraq, los cambios más importantes
ocurren con muchísima más discreción y casi ignorados.
Ésto se debe en parte al hecho que los periodistas buscan lo espectacular
–mejor algo con fachas, torturas y mercenarios–, y no se interesan en
procesos más lentos. Los reportajes sobre empresas de seguridad,
detrás de las que se puede imaginar siniestras conspiraciones de
empresas multinacionales y servicios secretos, se venden también
bastante mejor que el simple hecho que los ciudadanos del primer mundo
cada vez tienen menos ganas de aceptar las molestias del servicio militar,
o el que todos los gobiernos, que finalmente han de ahorrar en ésta
o aquella partida, no están dispuestos a pagar a sus soldados de
una manera adecuada.
El cabo de Infantería de Marina José Gutiérrez
fué de los primeros marines caidos en Iraq, pero no era un compatriota
del presidente Bush. El guatemalteco era uno de los llamados «greencard-soldiers»
que, cada vez de forma más numerosa, sustituyen a los jóvenes
estadounidenses en el frente. En algunas oficinas de reclutamiento en California,
más de la mitad de los candidatos a reclutas en formación
son extranjeros. Y así no nos sorprende que la mitad de los californianos
caidos en Iraq no tuvieran pasaporte de EEUU.
No queremos poner en duda que haya mexicanos o colombianos que estarían
encantados de luchar bajo bandera estadounidense. Muchos de ellos subrayan
motivos idealistas: quieren «servir al país al que tanto deben»,
o quizás quieren solamente demostrar que también son buenos
americanos. Pero si nos detenemos un poco más en este asunto descubriremos,
lógicamente, razones bastante más materialistas. La condición
base para el servicio militar es la famosa greencard, el permiso de residencia
permanente. Pero muchos de los reclutas esperan la ciudadanía de
pleno derecho, que no es una consecuencia automática de la greencard.
Algunos ya han gastado miles de dolares durante años para recibir
el pasaporte norteamericano, y esperan acelerar este proceso con el servicio
militar. Otros, como Gutiérrez, tratan conseguir una beca de estudios,
algo que los oficiales del reclutamiento prometen. Para muchos hijos de
inmigrantes pobres es ésta la única posibilidad de poder
estudiar.
Los estrategas del reclutamiento en el Pentágono han descubierto
hace años a los latinos que viven en USA como gran potencial. Afirman
que los latinos tienen una «inclinación natural hacia lo militar»,
y gastaron en una campaña de publicidad –especialmente diseñada
para latinos–, unos once millones de dólares en tres años.
No son solamente el grupo étnico con el crecimiento más rápido,
también son el grupo más empobrecido. Y como tantas veces
en la historia de los mercenarios, es la pobreza el argumento más
poderoso del reclutador. El ejército les promete un formación
profesional o suficiente dinero para los estudios. El Pentágono
reconoce también que el reclutamiente va mejor si la economía
va mal.
Popular se hizo el caso de Juan Escalante, que se compró una
greencard falsificada y se alistó con ésta. Mientras él
servía en Iraq, sus padres, que viven hace 15 años en EEUU,
pidieron la ciudadanía con el argumento que su hijo estaba sirviendo
a la patria. Así, salió a la luz que éste estaba ilegalmente
en el ejército. Si toda la familia no fue expulsada del país
pudo solamente evitarse porque el asunto ya había atraído
el interés de los medios.
El presidente Bush prometió en verano de 2002 ocuparse personalmente
que la naturalización de los soldados iba a ser acelerada. Pero
los representantes de organizaciones de inmigrantes argumentan que los
propietarios de un greencard ya tienen el obstáculo más difícil
detrás, y desean que esta opción se abra a otros aspirantes.
Muchos extranjeros tratan de alistarse sólo porque han oído
rumores de que como soldados recibirán la ciudadanía. La
embajada de EEUU in Mexico DF recibe cada día cientos de preguntas
de potenciales reclutas que quieren conseguir el pasaporte norteamericano
de esta manera.
En la guerra de Vietnam, el 19% de las bajas eran latinos, que en esta
época solamente representaban un 4,5% de la población estadounidense.
El joven George W. Bush utilizó entonces la influencia de su padre
para evitar este riesgo y ahora manda otra vez latinos al frente.
Utilizar inmigrantes como carne de cañón tiene una larga
tradición en EEUU – ya en la Guerra Civil también se reclutaba
a veces en Europa y se enviaba a los recién llegados directamente
al frente–. En 1863 estallaron grandes revueltas entre los pobres contra
estas levas forzosas : los famosos «New York Draft Riots» mostrados
por Martin Scorsese en la fase final de su «Gangs of New York».
Pero lo interesante no es que los norteamericanos mantengan su larga tradición
de dejar morir a inmigrantes por sus intereses en el Golfo, sino que parece
que este ejemplo se imita cada vez más en otras partes del mundo.
Si se habla del reclutamiento de inmigrantes en Europa siempre se cita
a la legión extranjera francesa. Pero la cosa va mucho más
lejos. Por ejemplo, el Times titulaba en su edición del 14.11.2005:
«How British Army is fast becoming foreign legion». Ya que
también Gran Bretaña se ve confrontada con el problema que
muy pocos de sus ciudadanos están dispuestos a servir por ese escaso
sueldo, hace ya años se empezó a alistar a gente de toda
la Commonwealth. Actualmente, extranjeros de 57 naciones representan, con
unos 7.000 hombres, casi un 10% del ejército –en Iraq, y entre los
caídos, el porcentaje es naturalmente más alto. La mayoría
son tradicionalmente los gurkhas de Nepal con 3.000, seguidos por Fidji
(2.000), Jamaica (975) y Sudáfrica (720).
Pero también en España, y tras la suspensión de
servicio militar obligatorio en 2001, se dieron cuenta rápidamente
que por estos sueldos no había suficientes voluntarios. Por otra
parte, en las embajadas españolas en America Latina mucha gente
espera un visado que le permita huir de la miseria económica de
sus países y encontrar trabajo en Europa. Al principio, los españoles
solo buscaban candidatos entre aquellos que todavía tenían
la ciudadanía española. Pero así se suprimía
el argumento mas atractivo: ganarse, con el servicio militar, el permiso
de residencia en Europa. El éxito de la oferta fue bastante escaso,
provocando solamente las protestas de algunos políticos urugayos
irritados por el hecho de que la juventud de su país fuera utilizada
como carne de cañón para las necesidades del gobierno y del
cuerpo militar español.
Actualmente, el gobierno español ha ampliado bastante su oferta,
que ahora es válida para todos aquellos que provengan de países
con «vínculos históricos con España»,
lo que significa casi toda America Latina y Guinea Ecuatorial. Solamente
Cuba es una excepción porque se niega a aceptar esta generosa oferta.
Los candidatos deben alistarse por tres años y pueden pedir al final
la ciudadanía española. Al inicio reciben 661 euros mensuales
que van aumentando hasta los 841 €. Naturalmente, por este dinero no se
encuentran suficientes españoles, pero cada año firman más
reclutas de Ecuador, Perú y muchos otros países de este ámbito.
Y también en este caso, las crisis económicas y las malas
cosechas ayudan mucho a los argumentos de los alistadores.
Italia tuvo algo más tiempo para estos cambios ya que el servicio
militar obligatorio se mantuvo hasta 2005. Así, la búsqueda
de soluciones ya empezó años antes. El ex-general italiano
y diputado del parlamento europeo Luigi Caligaris propusó reclutar
finalmente a homosexuales y extranjeros – aunque no mujeres. Un diputado
de la ultraconservadora Liga Norte se contestó furioso: «Dar
una ametralladora o un tanque a un albanés o un musulmán
marroquí, y pedirle que defienda nuestro país es algo inpensable
y una locura». Otros ven el asunto de forma más realista.
Los albaneses son el grupo más numerosos de inmigrantes en Italia
y, como de los latinos en EEUU, se dice que la mili les gusta. Probablemente,
en un futuro cercano, también ellos ocuparán en el ejército
esos puestos que para los jóvenes italianos están demasiado
mal pagados y son peligrosos. A cambio de un pasaporte.
Y no son sólamente los países ricos occicentales los que
se apuntan a estas prácticas. En Rusia, donde después de
las sangrientas guerras en Chechenia el servicio militar es poco popular,
hay planes para acabar con el servicio obligatorio. Cada año es
más difícil encontrar estos 400.000 hombres jóvenes
para mantener el ejército ruso. Muchos lo evitan alegando enfermedad
o mediante soborno, otros escapan por problemas de alcohol o drogas y miles
desertan. Así, no es extraño que también los rusos
empiecen a reclutar extranjeros. El ministro de defensa Sergei Ivanov dijo
a la Komsololsaka Pravda en 2003 que ofrecer el estímulo de la ciudadanía
aumentará la calidad del ejército: «Se está
motivado a servir mejor como ruso. Un error y te echan». Sin embargo
la oferta se dirige primero a ciudadanos de las repúblicas de la
ex-Unión Soviética, y también tiene una cierta atracción
en aquellas repúblicas donde de media se gana menos que el sueldo
de 150 dólares mensuales.
El ex-general italiano Caligaris respaldó su propuesta con un
argumento histórico: «el antiguo imperio romano recompesó
a los extranjeros que servían en sus legiones con la ciudadanía.
¿Por qué no podemos seguir el ejemplo de la antigua Roma?»
Quizás debería también leer lo que su gran compatriota
y filósofo Niccolo Machiavelli (1469-1527) escribió. Éste
afirmó que Roma se mantuvo libre gracias a las levas de sus ciudadanos
y que su decline empezó con la utilización de mercenarios
godos.
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